El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia vuelve a poner sobre la mesa las desigualdades que aún existen en el ámbito de la ingeniería, donde las mujeres siguen encontrando más barreras en el acceso a la profesión, la estabilidad laboral y los puestos de liderazgo.
La Gaceta recoge los testimonios de Ana Belén Gil González, profesora titular del Departamento de Informática y Automática de la Universidad de Salamanca y Ana Fermoso, catedrática de Ingeniería del Software y vicerrectora de Investigación y Transferencia de la Universidad Pontificia de Salamanca sobre esta cuestión en un artículo publicado el pasado 1 de febrero.
El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la ONU en el año 2015 con el objetivo de lograr una mayor participación e inclusión de las mujeres y las niñas en el mundo de la ciencia y la tecnología.
Sin embargo, la brecha de género en las carreras STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) continúa siendo uno de los principales retos del sistema educativo y del mercado laboral en España. Pese a los avances registrados en los últimos años, especialmente en la incorporación de mujeres a estudios de ingeniería, las desigualdades estructurales persisten y se manifiestan tanto en el acceso a estas disciplinas como en la promoción profesional, la estabilidad laboral y el liderazgo dentro del sector, tal y como se recoge en el informe presentado recientemente por el Observatorio de la Mujer Ingeniera en la Industria Española.
Uno de los principales diagnósticos del informe es que la brecha de género se origina ya en etapas tempranas del sistema educativo. Aunque las mujeres son mayoría en el conjunto del alumnado de bachillerato, su presencia en la rama de Ciencias y Tecnología es menor: representan el 43,6% frente al 52,5% de los hombres.Esta diferencia se amplía de forma significativa en la educación superior, donde las mujeres solo suponen el 26,5% del alumnado en Ingeniería y Arquitectura, mientras que su presencia es mayoritaria en Humanidades, Artes y Ciencias Sociales.
En este sentido, Ana María Fermoso García, catedrática de Ingeniería del Software y vicerrectora de Investigación y Transferencia de la Universidad Pontificia de Salamanca, considera que es clave el papel que juegan la educación primaria y secundaria a la hora de despertar vocaciones científicas y tecnológicas entre las niñas. «Creo firmemente que una buena formación básica en lógica de programación y computacional desde el colegio no solo ayuda a descubrir y despertar interés por las titulaciones STEM, sino que contribuye a mejorar la capacidad de razonamiento y toma de decisiones de nuestros jóvenes», señala.
El Observatorio detecta una ligera tendencia al alza en la matriculación femenina en estudios de ingeniería en los últimos años, aunque con importantes diferencias según la especialidad. Este crecimiento, aún insuficiente, apunta a un cambio progresivo que, según los expertos, debe consolidarse mediante políticas educativas que fomenten las vocaciones STEM desde la educación primaria y secundaria.
La situación en el mercado laboral refleja esta desigualdad de origen. En España, la ingeniería emplea a unos 750.000 profesionales, de los cuales solo el 20% son mujeres. La presencia femenina varía considerablemente según la rama: es especialmente baja en Telecomunicación (12%), Informática (16%) e Ingeniería Industrial (19%), mientras que aumenta en Ingeniería Agrícola (33%) y Caminos (24%). Estos porcentajes sitúan a España en niveles similares a otros países europeos como Francia (22%), Italia (18%) o Alemania (17%).
Ana Belén Gil González, profesora titular del Departamento de Informática y Automática de la Universidad de Salamanca, apunta que desde su experiencia en la docencia y la gestión universitaria, está convencida de que para atraer y retener el talento femenino «no bastan las buenas intenciones; necesitamos acciones transversales y sostenidas en el tiempo».
Explica, en primer lugar, que es crucial intervenir en las etapas tempranas. «La Universidad debe estrechar aún más su vínculo con los centros de secundaria para romper el estereotipo de que la informática es una disciplina solitaria o puramente técnica. Debemos mostrar que la tecnología es una herramienta con un impacto social directo, algo que suele motivar especialmente a las estudiantes».
En segundo lugar, destaca que dentro de la institución, es vital impulsar programas de mentoría. «Que las alumnas de primer curso tengan como referentes a investigadoras o a compañeras de cursos superiores ayuda a generar ese sentimiento de pertenencia que evita el abandono. No se trata solo de que entren, sino de que sientan que este es su lugar».
Por último, desde la gestión, indica que debemos seguir avanzando en políticas de conciliación real y corresponsabilidad. «La carrera académica e investigadora es de fondo, y no podemos permitir que los años más productivos coincidan con barreras que obliguen a las mujeres a elegir entre su promoción profesional y su vida personal como sucede en realidad. En la Universidad de Salamanca tenemos el potencial para ser referentes en esto, creando entornos de trabajo más flexibles y humanos que beneficien a todo el talento, independientemente de su género», subraya.
Alta tasa de ocupación
La tasa de ocupación en la profesión es muy elevada, alcanzando el 98%, y el paro es prácticamente residual (2%). Sin embargo, el desempleo afecta más a las mujeres ingenieras, con una tasa del 4%, frente al 1,5% de los hombres. Además, solo el 19% de quienes trabajan en su especialidad son mujeres.
La precariedad laboral es otro de los factores que inciden de manera desigual. Aunque el 85% de los ingenieros trabaja por cuenta ajena y la mayoría cuenta con contratos indefinidos (77%), el empleo temporal afecta en mayor medida a las mujeres: un 23% frente al 7% de los hombres. El trabajo autónomo o como empresario sigue siendo claramente masculino, con solo un 14% de mujeres frente al 86% de hombres.
Las desigualdades se acentúan en los puestos de responsabilidad. Si bien el 83% de los ingenieros ocupa roles técnicos o de mando intermedio y un 14% accede a cargos de dirección, la presencia femenina en la alta dirección es muy limitada. Solo el 8% de los puestos de dirección general están ocupados por mujeres, frente al 92% de hombres. En los mandos intermedios, las mujeres representan el 14%. La proporción femenina es mayor en los niveles junior (33,7%) y se mantiene hasta la dirección media (34,5%), pero cae de forma drástica en la alta dirección (10,6%), lo que evidencia el denominado «techo de cristal».
En materia salarial, el informe señala que los ingenieros perciben sueldos entre un 27% y un 43% superiores a la media nacional. La brecha salarial de género en la ingeniería es menor que en el conjunto de la población activa —un 10% frente al 24%—, con salarios medios de 34.100 euros para los hombres y 31.100 euros para las mujeres. Aun así, persisten diferencias que, según el Observatorio, deben abordarse mediante políticas de transparencia y auditorías de equidad salarial.
Para revertir esta situación, el informe recomienda impulsar vocaciones STEM entre niñas desde edades tempranas, reforzar la visibilidad de referentes femeninos en ingeniería y tecnología, y poner en marcha programas de mentoría y becas específicas para mujeres. Asimismo, subraya la importancia de políticas de conciliación laboral que favorezcan la retención del talento femenino y reduzcan el impacto de la maternidad en la carrera profesional.
Ana Fermoso destaca la importancia de «dar visibilidad y predicar con el ejemplo, con referentes femeninos donde reflejarse y resaltar la alta demanda profesional del sector».
La vicerrectora señala también las posibilidades que ofrecen estas salidas profesionales «por su capacidad de transformación y valor cuando la tecnología se pone al servicio de la sociedad y sus necesidades, resultando un verdadero motor de cambio y mejora», concluye.




