La Facultad de Informática mira al futuro tras cumplir medio siglo de historia
La Facultad de Informática de la Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU) celebra su 50 aniversario este año. Medio siglo marcado por la innovación académica, la modernización tecnológica y la consolidación de la Informática y la Inteligencia Artificial como disciplinas fundamentales en la sociedad digital. Y para conocer cómo fueron los inicios de la Facultad y cómo es en la actualidad, hemos reunido a Arantza Díaz de Ilarraza y a Jon Vadillo Jueguen. Arantza fue profesora plena de Informática y una referente en la investigación sobre las áreas del Procesamiento del Lenguaje. Lleva ya algunos años disfrutando de su jubilación. Jon, por su parte, es profesor del Departamento de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial. Un diálogo sobre el pasado y el presente de un centro vivo y en constante cambio.
Arantza, El mundo de la informática ha cambiado mucho desde que se puso en marcha la Facultad, y seguramente también su enseñanza. ¿Cómo era la formación en aquello primeros años de la licenciatura? (tipo de alumnado, relación teoría/práctica, contenidos, evaluación). Tu trayectoria como profesora de la Facultad ha sido larga. ¿Qué cambios has notado desde que empezaste hasta que te jubilaste?
Arantza Diaz de Ilarraza: En los primeros años, el alumnado era escaso y no sabíamos bien qué habíamos venido a estudiar, tan nueva era la sección y tan poco lo que se sabía sobre ella. Los temas que aprendíamos estaban orientados a la gestión de empresas. Aprendimos diversos lenguajes de programación, pero apenas teníamos recursos. Realizábamos las prácticas en grandes ordenadores compartidos fuera del centro, con tiempos de uso limitados, y ahora, cuando miro atrás, me doy cuenta de que teníamos grandes dificultades para llevar a cabo las actividades prácticas.
En cuanto a mi labor docente, en cambio, desde el principio tuvimos que adaptar el currículo. Hemos participado en múltiples reformas de programas de grado para cumplir con las necesidades científicas, profesionales y sociales. Cada cambio requería una reflexión académica colectiva: decidir qué conocimiento era esencial, determinar qué habilidades debía adquirir el alumnado, y decidir cómo había que preparar a las nuevas generaciones para un entorno en constante cambio. La informática nunca ha sido una disciplina estática. Por tanto, ha sido necesario seguir adaptándose constantemente.
También se ha producido una auténtica revolución en los recursos disponibles para la realización de las prácticas. Hemos pasado de trabajar en uno con equipos centralizados y acceso limitados a laboratorios especializados, ordenadores personales, plataformas virtuales y recursos en línea, y todos ellos han multiplicado enormemente las posibilidades de aprendizaje.
También ha sido importante la estructuración y consolidación de los estudios de posgrado. Los programas de doctorado se han convertido en programas de investigación bien organizados y con visión internacional. Asimismo, han aparecido programas de máster especializados que permiten analizar en profundidad nuevas áreas emergentes y responder a nuevas exigencias profesionales y científicas. Esta diversidad ha enriquecido la formación universitaria y ampliado y desarrollado líneas de investigación competitivas y de gran relevancia.
Jon, en tu caso, hace poco eras alumno de la Facultad (grado, máster y luego doctorado), y desde hace tres años eres profesor en la misma. ¿Cómo crees que ha cambiado o evolucionado la formación desde que empezaste como estudiante hasta ahora? ¿Cómo ha sido tu formación en comparación con lo que nos ha descrito Arantza?
Jon Vadillo Jueguen: Creo que el cambio ha sido grande. La informática es un campo que cambia a una velocidad vertiginosa. Cada año aparecen nuevas tecnologías, herramientas y conocimientos que obligan a la continua adaptación y actualización de la docencia de la Facultad. Al final, la informática consiste en aprender (y enseñar) a vivir en un campo en constante reinvención.
«En los últimos años, además, hemos vivido el estallido de la inteligencia artificial generativa»
A modo de ejemplo, cuando yo empecé en la Facultad, solo había un grado en Ingeniería Informática, y hoy en día también tenemos el grado en Inteligencia Artificial. Esto es una buena muestra de cómo ha cambiado nuestro campo: la inteligencia artificial ha adquirido en los últimos años una enorme presencia en nuestra sociedad y en la tecnología, y tiene un impacto creciente en nuestro día a día. Además, el nuevo grado está atrayendo a estudiantes con perfiles y motivaciones muy diferentes, y todo eso es muy enriquecedor para la Facultad, el área y la sociedad.
En los últimos años, además, hemos vivido el estallido de la inteligencia artificial generativa. Ahora tenemos modelos lingüísticos o asistentes inteligentes capaces de responder preguntas complejas, ayudarte a programar o facilitarte el proceso de aprendizaje. Esto está revolucionando la educación, pero también nos obliga al personal docente a reflexionar constantemente sobre qué y cómo debemos enseñar, y qué competencias serán realmente importantes en el futuro.
La presencia del euskera en el entorno universitario es un aspecto de gran importancia que ha evolucionado desde el inicio de la Facultad. ¿Cuál era la presencia del euskera en la Facultad al principio? ¿Cómo recuerda el trabajo de aquellos primeros años a favor del euskera?
Arantza Díaz de Ilarraza: Al principio, la presencia del euskera era prácticamente testimonial, y no se empezó a impartir algunas asignaturas en euskera inmediatamente. De hecho, hicieron falta la planificación y el esfuerzo voluntario constante de muchas personas, convencidas de que era necesario garantizar la posibilidad de estudiar informática a nivel universitario en nuestra lengua.
La estrategia que adoptamos fue la de avanzar poco a poco. Hay que tener en cuenta que no existía material didáctico en euskera, que las materias son técnicas y que, por tanto, era necesario trabajar la terminología; por ello, al principio, comenzamos con esa labor en colaboración con algunas personas expertas.
Como es lógico, el primer paso fue ofrecer también en euskera unas pocas asignaturas de primer curso. Año tras año, fuimos ofreciendo más asignaturas en cada curso, y en unos 10-15 años conseguimos impartir todas las asignaturas básicas del grado también en euskera.
Fue un esfuerzo constante realizado durante muchos años, basado en la colaboración entre departamentos, el desarrollo de nuevos materiales docentes y la adaptación constante de contenidos especializados. Finalmente, en 1998 logramos un objetivo que al principio parecía demasiado ambicioso. Aquello supuso un hito muy importante para la Facultad. Una vez consolidadas las asignaturas obligatorias, seguimos ampliando la docencia en euskera, incorporando también diversas asignaturas optativas. Más adelante llegaron los estudios de tercer ciclo.
Actualmente, ¿qué opinión tenéis sobre el uso del euskera en la Facultad? ¿Has observado algún cambio desde que eras estudiante?
Jon Vadillo Jueguen: Desde que empecé como estudiante, he sentido el euskera muy vivo en la Facultad de Informática. Yo mismo cursé íntegramente en euskera los estudios de grado y resulta muy enriquecedor poder estudiar un ámbito tan técnico y novedoso como la informática en euskera con total naturalidad.
Y esa naturalidad no es casualidad: en la Facultad siempre ha existido la voluntad de que el euskera siga el ritmo de los avances tecnológicos y de los nuevos conceptos. Por ejemplo, en la Facultad se organizan con frecuencia iniciativas que combinan el euskera y la tecnología, como la creación y ampliación de contenidos en la Wikipedia en euskera. Muchos conceptos nuevos de informática todavía no están tan desarrollados en euskera, y en iniciativas como esta se demuestra que alumnado y profesorado pueden contribuir al mismo tiempo tanto al ámbito tecnológico como al desarrollo de la lengua.
Pero, en mi opinión, una de las mayores singularidades de la Facultad es que el euskera no ha sido únicamente una lengua de uso cotidiano, sino que también ha tenido una presencia muy importante en el campo de la investigación. En el ámbito de la inteligencia artificial, suele decirse que el euskera es una lengua de “bajos recursos”, porque, en comparación con el inglés o el castellano, no existen tantos textos, datos o contenidos digitales disponibles. Y como los sistemas actuales de inteligencia artificial requieren cada vez más datos (por ejemplo, para desarrollar traductores automáticos o modelos de lenguaje), esto genera grandes retos. Sin embargo, nuestra facultad ha convertido ese reto en una oportunidad, proponiendo avances y soluciones que sirven también para muchas otras lenguas que están en una situación similar. Por eso me parece muy bonito ver que el euskera no es solo una lengua, sino también un motor para la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico.
Uno de los aspectos fundamentales de la Facultad es la investigación. En ese sentido, los primeros años fueron primordiales para poner en marcha las líneas de investigación del centro. ¿Cómo recuerdas el trabajo de investigación de aquellos primeros años?
Arantza Díaz de Ilarraza: Uno de los principales retos fue, precisamente, la formación doctoral. En la Facultad la investigación era prácticamente inexistente, al menos tal y como la entendemos hoy. Éramos conscientes de que, para construir una facultad universitaria sólida, era necesario investigar y participar activamente en el avance científico de la informática. En aquella época había muchos profesores jóvenes con una gran motivación para iniciar ese camino, pero al mismo tiempo necesitábamos formación investigadora. El número de docentes con un doctorado era muy pequeño. Como en nuestro entorno cercano había pocos especialistas y pocas personas capacitadas para dirigir tesis doctorales, fue imprescindible buscar colaboraciones y relaciones académicas con otros centros y universidades, tanto dentro como fuera de nuestro ámbito geográfico. Gracias a esos vínculos académicos, muchos profesores pudimos iniciar y desarrollar nuestras tesis doctorales, y así comenzamos nuestro trabajo de investigación.
Aquellas colaboraciones fueron esenciales. No solo porque nos permitieron formar una nueva generación de doctores, sino porque la Facultad se enriqueció enormemente gracias a esos intercambios científicos; aprendimos de otras instituciones, compartimos experiencias y construimos nuestra propia cultura investigadora.
«Hoy en día, el 97 % del profesorado tiene un doctorado y la Facultad ha desarrollado líneas de investigación sólidas y exitosas»
Con el paso de los años, todo aquel esfuerzo comenzó a dar sus frutos. Se crearon grupos de investigación en la Facultad y empezamos a participar en proyectos científicos cada vez más ambiciosos. Así, la investigación dejó de ser un deseo para convertirse en uno de los pilares fundamentales de la actividad de nuestra Facultad.
Hoy en día, el 97 % del profesorado tiene un doctorado y la Facultad ha desarrollado líneas de investigación sólidas y exitosas en distintos ámbitos de la informática. Nuestros grupos participan en proyectos nacionales e internacionales, colaboran con empresas e instituciones y contribuyen al avance de la ciencia y de la tecnología.
En general, ¿cómo ves actualmente la situación de la investigación en la Facultad?
Jon Vadillo Jueguen: En mi opinión, la Facultad es un ejemplo muy claro de que también desde una universidad o facultad pequeña se puede realizar investigación de gran impacto. De hecho, tenemos ejemplos muy claros de ello. En los últimos años, varias personas investigadoras de la Facultad han recibido, entre otros reconocimientos, los “Premios Nacionales de Informática” [1, 2] o el “Premio Euskadi de Investigación” [3] por la relevancia internacional de sus aportaciones. Además, es muy habitual que la investigación realizada aquí se publique en las conferencias y revistas más importantes de este campo, y que tanto el alumnado como doctorandos tengan la oportunidad de realizar estancias en universidades y centros de investigación internacionales de primer nivel.
Y ser un referente en ese sentido me parece especialmente importante para la formación del alumnado. Es fundamental animar al alumnado a tener objetivos ambiciosos, demostrarles que son capaces de competir a nivel internacional y ofrecerles oportunidades reales para ello.
También merece la pena destacar que la investigación que se realiza en la Facultad es muy diversa: inteligencia artificial, ciberseguridad, procesamiento del lenguaje, análisis de datos, desarrollo de software… Se trabajan ámbitos muy diferentes, y eso ofrece al alumnado una oportunidad muy interesante, puesto que muchas veces pueden encontrar temas de investigación muy alineados con sus propios intereses entre el profesorado y el personal investigador de la Facultad. Creo que eso resulta muy motivador, porque ven de cerca que la informática no consiste solo en utilizar tecnología, sino también en crear nueva tecnología.
¿Crees que el alumnado actual tiene interés o vocación investigadora?
Jon Vadillo Jueguen: La informática es un campo muy creativo. Cuando aprendes a programar, tienes la posibilidad de crear herramientas sorprendentes con cualquier ordenador. Y eso impulsa de manera muy natural a muchos estudiantes a probar ideas nuevas o a experimentar. Ese es precisamente el espíritu de la investigación.
Sin embargo, entre el alumnado existen perfiles muy diferentes. Algunos alumnos descubren una gran vocación investigadora a través de los proyectos de las asignaturas o de las prácticas que pueden realizar en grupos de investigación. Otras personas, en cambio, prefieren aplicar tecnologías ya existentes a problemas del mundo real, o desarrollar nuevas aplicaciones y productos… Y esa diversidad es excelente, porque la sociedad actual precisa todos esos perfiles.
En estos últimos 50 años no solo ha cambiado la informática, también lo ha hecho la sociedad. ¿Cuál es tu percepción actual sobre la vida universitaria?
Jon Vadillo Jueguen: La vida universitaria es mucho más que asistir a clase o estudiar para los exámenes. Es una etapa muy importante para crecer en muchos aspectos, tanto académica como personalmente. De hecho, es evidente que el alumnado traslada lo aprendido en la universidad más allá del aula: desarrollan proyectos propios, comparten ideas o descubren nuevos intereses. En informática, esto es especialmente enriquecedor, porque muchas veces de una pequeña idea surgen proyectos reales.
Además, la universidad ofrece la oportunidad de relacionarse con personas de perfiles muy diferentes. Ahí nacen los debates, las relaciones y, muchas veces, las futuras colaboraciones profesionales. En mi opinión, ese es uno de los aspectos más enriquecedores de la vida universitaria.
En tu opinión, ¿qué lugar ocupa, en general, la universidad en la vida del alumnado?
Jon Vadillo Jueguen: Muchas veces caemos en visiones pragmáticas y vemos la universidad como un simple lugar que nos prepara para un trabajo. Pero es mucho más que eso.
La universidad sigue siendo uno de los pocos espacios que permiten reflexionar sobre cuestiones profundas, aprender a enfrentarse a los problemas, escuchar otros puntos de vista y construir personas más críticas y reflexivas. Es posible que sea esa la huella más importante que deja la universidad en la vida del alumnado.
Y en el campo de la informática, es especialmente importante no olvidar eso. Las tecnologías que desarrollamos hoy tienen un impacto directo en la sociedad: están transformando el modo en el que nos comunicamos, nos informamos o la forma en la que se toman determinadas decisiones. Por ello, la universidad también debe enseñar a desarrollar esas tecnologías de forma responsable y con una visión crítica.
Coincidiendo con la celebración del 50 aniversario, los avances en inteligencia artificial, ciberseguridad, computación de altas prestaciones, computación cuántica o ingeniería de datos sitúan al centro en una posición estratégica para seguir liderando la formación de profesionales y la generación de conocimiento científico. ¿Cómo veis la informática del futuro y el centro del futuro?
Jon Vadillo Jueguen: La verdad es que resulta difícil predecir el futuro debido al cambio constante de la informática y la tecnología. Pero la Facultad ha demostrado durante todos estos años una gran capacidad de adaptación y renovación.
En mi opinión, debemos seguir adaptándonos a los nuevos avances y a las nuevas fronteras del conocimiento. Para ello, será fundamental seguir atrayendo y desarrollando talento, así como ofrecer oportunidades de crecimiento y desarrollo al talento que ya existe aquí. Al final, el centro del futuro no estará definido únicamente por las tecnologías, sino también por las personas que estudian, enseñan, investigan y trabajan aquí.
¿Y de cara a la sociedad?
Arantza Diaz de Ilarraza: Gracias a las nuevas tecnologías estamos entrando en una época de profundo cambio social que sin duda moldeará la vida de las generaciones futuras. Los avances que estamos viendo ofrecen oportunidades únicas para el conocimiento y una mejor calidad de vida. Sin embargo, junto a estas posibilidades, no podemos olvidar que también hay algunos riesgos. En este nuevo escenario, debemos tener una mirada responsable y ética. La tecnología debe estar siempre al servicio de las personas y de la sociedad y no para provocar desigualdades, dependencia y pérdidas de libertad.
Por lo tanto, será imprescindible que la sociedad participe para apoyar su capacidad de tomar decisiones y mantener el control sobre los procesos tecnológicos que configuran nuestra vida cotidiana. Tenemos la responsabilidad colectiva de evitar que el conocimiento y el poder tecnológico se concentren en manos de unos pocos, que son los que también pueden influir decisivamente en nuestras decisiones, nuestro comportamiento y nuestra comprensión del mundo.
[1] Eneko Agirre recoge el Premio Nacional de Informática SCIE-Fundación BBVA 2021. https://www.ehu.eus/es/web/campusa/-/eneko-agirre-premio-nacional-informatica
https://www.fbbva.es/galardonados/eneko-agirre/
[2] Premian a una profesora de la UPV/EHU por su aportación a la ingeniería informática. 2010.
https://www.elmundo.es/elmundo/2010/10/09/paisvasco/1286621740.html
[3] El Premio Euskadi de Investigación 2024 ha recaído en el Profesor José Antonio Lozano Alonso. 2025.
Fuente: EHU








