Entrevista a Daniel Riera, director de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC.
Daniel Riera es director de los Estudios y profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Como investigador del centro de investigación UOC-TECH y responsable del grupo ICSO, centra su investigación en la creación de algoritmos y software que ayuden a tomar mejores decisiones en situaciones complejas, como, por ejemplo, en el transporte y la logística, la producción, el posicionamiento en tiempo real y las ciudades inteligentes. En esta entrevista, habla sobre el uso de la IA en las pymes, la presencia de las mujeres en carreras tecnológicas y la prohibición del acceso a las redes a los menores, entre otros, y revela datos sobre la contribución de los Estudios a la formación de profesionales.
¿Qué ha supuesto la irrupción de la IA en la docencia de las titulaciones tecnológicas? ¿Y en la Escuela de Programación?
Las titulaciones de nuestros Estudios siguen manteniendo una base sólida de matemáticas, física, estadística, etc., porque sin estos conocimientos el estudiante no tendría criterio para interpretar si una solución de la IA es correcta o para entender las decisiones que toma la máquina. La llegada de la IA supone una oportunidad para fomentar el espíritu crítico del estudiantado y formarlo para que sepa identificar los errores y proponer mejoras en las soluciones.
La Escuela de Programación de la UOC está específicamente diseñada para no informáticos que quieran potenciar su profesión mediante la tecnología. Un ejemplo claro son los periodistas que quieren aprender a manejar datos de forma avanzada utilizando herramientas como, por ejemplo, Python. Se está planeando la incorporación de módulos para enseñar a usar la IA como una herramienta de productividad, para actuar como un «copiloto» que eleva la competencia del profesional, pero siempre bajo el control del usuario humano.
El 56 % de las pymes en España ya utilizan la IA. Como investigador en este ámbito, ¿qué errores deben evitar estas empresas para ser más eficientes?
Uno de los errores más comunes es la precipitación y la falta de prospección. A menudo, se compra la primera tecnología que llega al mercado sin hacer un análisis previo, y esto provoca en muchos casos inversiones innecesarias. Hay que dedicar un tiempo previo para identificar exactamente cómo se puede sacar provecho de ellas. El objetivo debe ser que los trabajadores puedan hacer más cosas en menos tiempo u ofrecer un servicio de más calidad, evitando un desgaste inicial que no dé frutos.
Además, se tiene que dar tiempo a los equipos para formarse. Si se implementa de manera apresurada, el personal a menudo no está formado u orientado al uso correcto de la IA, y puede percibir la nueva tecnología como una amenaza para su trabajo, lo que puede generar resistencias internas y disminuir la eficiencia.
La ludificación te interesa como herramienta de motivación en el aprendizaje. En las carreras universitarias, ¿qué tipo de ejercicios aportan más beneficios para el estudiantado?
Me interesa introducir mecánicas de juego para que el estudiantado se sienta más motivado a realizar tareas que, de lo contrario, podrían resultar tediosas. La ludificación o gamificación no consisten simplemente en pasarlo bien, sino en utilizar técnicas propias de los juegos para motivar a hacer ciertas acciones que pueden ser pesadas. Es una herramienta que en algunos casos puede ayudar al estudiante a ser más productivo, por ejemplo, haciendo más ejercicios que le permitan interiorizar mejor un tema. Esto puede mejorar su aprendizaje y, por lo tanto, su rendimiento académico. Puede ser, además, una forma de fomentar el trabajo en equipo para resolver tareas comunes. Por ejemplo, un compañero de los EIMT hizo una prueba en una asignatura sobre redes y ciberseguridad, donde dividió en grupos al estudiantado, que tenía que hacer diferentes acciones, como ejercicios, resolución del ataque a un servidor, etc., y así iba aprendiendo conceptos de seguridad de forma práctica.
En un episodio de vuestro pódcast, Despacho 42, habláis sobre la protección de los menores en internet. ¿Qué te parece que el gobierno español quiera prohibir el acceso a las redes a los menores de 16 años?
Estoy completamente de acuerdo. No soy psicólogo ni experto en el tema, pero, conociendo lo que hay detrás del diseño de las redes sociales, tengo claro que debemos proteger a los menores regulando su acceso. Es similar a cuando surgió la ley del tabaco: la responsabilidad recae sobre quien ofrece el producto y no sobre el consumidor. La regulación no se debe ver como un castigo, sino como una forma de poner límites a las empresas.
Hay que implementar medidas efectivas de verificación de la edad. No basta con preguntar al usuario si es menor de edad. Para poder utilizar las redes sociales se podría pedir una tarjeta de crédito y hacer un cobro, aunque sea simbólico, o pedir un identificador digital, expedido por una agencia acreditada, que permitiera comprobar la edad sin revelar otros datos personales, como se está debatiendo en la UE.
Desde 2016 impulsáis los premios internacionales Equit@t en el ámbito del género y la tecnología. En esta última década, ¿qué evolución social ves en este sentido y qué aspectos hay que mejorar?
Gracias a la estrecha colaboración que tenemos con el grupo investigación sobre género y TIC (GenTIC) de la UOC, podemos observar que se siguen perdiendo vocaciones tecnológicas entre las niñas de 10 a 14 años a causa de los estereotipos sociales y la falta de referentes, entre otros. A lo largo de los años, las ingenierías se han asociado más a los hombres. Cuando antes, en el sistema universitario, la carrera de Informática se llamaba licenciatura en Informática, la presencia femenina era del 30 %, pero al cambiar el nombre a Ingeniería Informática cayó drásticamente al 10 %. Hoy en día, las mujeres se sienten más atraídas por tecnologías con aplicación social directa, como la ingeniería biomédica o el análisis de datos enfocado a la salud o a la educación.
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