Conferencia de Directores y Decanos de Ingeniería Informática

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Nuevas metas para Miguel Ángel Martín, el ingeniero informático que triunfó con el termómetro inteligente de Oblumi

Miguel Ángel Martín - Termómetro Inteligente - Sevilla - Foto: ABC

Miguel Ángel Martín (Sevilla, 1986) trabaja en Fráncfort del Meno desde hace dos años en una multinacional de software para empresas: MeanWork. Es la prueba viviente de que un ingeniero informático con ambición y sin miedo a lo desconocido tiene el camino despejado. Tras terminar los estudios en la Hispalense, trabajó en consultoras como Everis. Valora mucho el bagaje que adquirió en esos años, «una experiencia real, más allá de la teórica de la Universidad», señala en conversación telefónica desde Alemania. En esa etapa le surgió la vocación empresarial.

Su oportunidad llegó en 2013 de forma inesperada. Ganó un concurso de talento en la Start Weekend Sevilla, una cita para emprendedores donde formó equipo con otros dos ingenieros y una arquitecta. El reto era perfilar un proyecto atractivo partiendo de cero en tiempo récord. Así nació la idea de crear un termómetro digital por infrarrojos acoplable al móvil, que resultó ganadora y fue el origen de Oblumi. Miguel Ángel Martín sigue vinculado a la compañía como socio, pero hace dos años decidió emprender un camino paralelo en un lugar menos soleado que Sevilla, pero que tiene una Navidad con nieve auténtica y un montón de oportunidades laborales. «La calidad de vida depende mucho de tus prioridades personales. Si no tienes trabajo, da igual donde vivas, que no vas a tener mucha. Para mí, también la calidad de vida es poder ir a esquiar a Austria como hago yo ahora una semana al año», señala. Reconoce que echa de menos algunas cosas: «Añoro a mi familia y a todos los amigos que he dejado allí. Las terrazas en primavera, las tapas y la cerveza en la calle, eso algo que no se estila por aquí».

Reflexiona sobre su decisión vital de emigrar pese a tener un proyecto exitoso: «Creí que lo mejor para mí era seguir desarrollándome a nivel profesional y encontré en Alemania muchas opciones que no tenía en Sevilla. En Fráncfort me salió la oportunidad de trabajar en una empresa internacional y en un puesto interesante», explica. Desde el corazón financiero de Europa, el ingeniero sevillano puede comparar con lo que dejó atrás: «En Alemania la industria está mucho más descentralizada que en España. En Múnich está Audi, si te vas un poco más arriba está la BMW; en la zona de Stuttgart hay otro gran polo automovilístico; en Dresde, la Volkswagen; en Berlín hay un ecosistema de startups; y en Fráncfort se encuentra el núcleo financiero. No es como en España, donde todo se concentra en Madrid y Barcelona».

Su impresión es que los casos de gran éxito en Sevilla son excepciones y que Madrid atrae todo el talento y «hace que se cree una burbuja de ingenieros». Su análisis final es que, «si alguien es muy ambicioso y quiere crecer, tienes que salir de tu zona de confort». Su consejo es buscar esas metas, «no tener miedo a irte a un sitio desconocido para seguir creciendo».

Fuente: ABC Sevilla

RevenueCat, la app con alma sevillana que triunfa en Silicon Valley

Miguel Carranza, CEO de RevenueCat (foto El Mundo)
Miguel Carranza estudió Ingeniería Informática en Sevilla

A Miguel Carranza su primer ordenador se lo regaló su abuelo por su primera comunión y desde que lo encendió tuvo claro a lo que quería dedicarse el resto de su vida. Es una vocación que ha terminado por instalarlo en el epicentro de Silicon Valley como fundador de una start-up, RevenueCat, que está convirtiéndose rápidamente en un nombre muy conocido para desarrolladores de apps de todo el mundo.

La idea es hasta cierto punto sencilla. En un mundo en el que cada vez más aplicaciones pasan a funcionar con modelos de suscripción, RevenueCat permite a los desarrolladores gestionar esas suscripciones tanto en dispositivos iOS como Android y llevar un control exhaustivo para poder analizar donde provienen los usuarios y cómo hacer crecer su negocio.

La compañía cerró en otoño del año pasado su primera ronda de financiación de 1,5 millones de dólares y más de 1.000 aplicaciones utilizan ya la tecnología. En total, RevenueCat gestiona ya al año más de 100 millones de dólares en suscripciones para sus clientes.

Llegar hasta aquí no fue sencillo. «Estudié Ingeniería Informática en Sevilla y el sueño de Silicon Valley se veía cada vez más complicado. No es fácil mudarse al otro lado del mundo y poder trabajar en EEUU sin contactos, sin visado de trabajo, etc.», explica Carranza.

La oportunidad le llegó como parte del programa Jóvenes con Futuro de StepOne, que ofrecía a jóvenes españoles la posibilidad de realizar prácticas en empresas de Silicon Valley.

«Me entrevisté con una pequeña startup llamada MindSnacks, que hacía juegos educativos para aprender idiomas en iOS. La decisión en ese punto no fue exactamente fácil, tenía que dejar a mi pareja, familia, amigos… pero era lo que siempre había querido. No quería arrepentirme el resto de mi vida del «que hubiera pasado si…», recuerda.

MindSnacks le ofreció trabajo a tiempo completo y le tramitó el visado de trabajo. Los 6 meses para los que había ido se convirtieron en 5 años y medio. Empezó como becario y acabó dirigiendo el equipo de ingeniería, supervisando una app educativa, Elevate, que fue reconocida por Apple como mejor aplicación móvil del año 2014.

Fue esa app la que le permitió dar con la idea de su actual empresa. «En Elevate dedicamos una cantidad de recursos y tiempo de ingeniería inmensa en gestionar las subscripciones de las distintas plataformas (Apple, Google, Web…). Era un problema aburrido, y la mayoría de los ingenieros no estaban interesados en resolverlo, ya que no era una parte diferencial de nuestro producto. Lo intentamos subcontratar varias veces, pero no existía ninguna solución en el mercado», explica.

Su socio Jacob Eiting, que había dejado Elevate antes que él con la intención de montar una empresa, le sugirió montar ese servicio. Todas las aplicaciones serias tenían que resolver ese problema y nadie lo había hecho a escala aún. Todo encajaba.

Se apuntaron a Y-Combinator, una conocida aceleradora de Silicon Valley que ayuda a start-ups a dar sus rimeros pasos (cuna de empresas como Airbnb, Twitch o Dropbox), y fueron seleccionados para el programa. «En ese momento dejé mi trabajo en Elevate, me dediqué a RevenueCat a tiempo completo. Pasamos por el programa de Y-Combiantor en verano de 2018. En septiembre de 2018 fue cuando empezamos a contratar a los primeros empleados«.

La empresa es totalmente remota y de hecho los primeros dos ingenieros de la compañía son españoles. Carranza reconoce que en Silicon Valley hay una enorme concentración de talento. No sólo por los americanos, sino precisamente porque es un hub tecnológico en el que acaban los mejores de todas partes de EEUU y del mundo, pero la tendencia la tendencia es que poco a poco la frontera fronteras vaya desapareciendo, en parte por lo mucho que se han complicado los procesos de inmigración en EE.UU. en los últimos años.

«En España tenemos la gran ventaja competitiva de que no es necesario endeudarse para tener una educación de calidad. Y hay talento de sobra. Pero muchas veces nos centramos demasiado en el mercado español, y esta falta de ambición hace que no se optimice el talento. El estado de California por sí sólo tiene casi el mismo número de habitantes que España. Necesitamos más ejemplos de start-ups globales españolas que sirvan de motivación y no nos limitemos al mercado local.», dice Carranza.

Aún así reconoce que hay ventajas muy claras para un start-up en Silicon Valley. «No quiere decir que no hubiéramos podido montar RevenueCat en España, de hecho creo que hubiese sido totalmente posible. Pero en general, es más fácil conseguir los primeros clientes estando aquí (de algún modo, da credibilidad), y hay mucho más capital. Aunque está cambiando en España, la gran diferencia es que aquí muchos inversores han sido fundadores de start-ups tecnológicas antes, y aportan otro tipo de valor diferente al del inversor tradicional», explica.

Vivir en California, por supuesto, también tiene sus dificultades. «Siempre me he sentido más cercano a la cultura Californiana que a la de Sevilla. Siempre me ha gustado el estilo de vida de aquí, la música de aquí, la playa, el surf…» confiesa Carranza. «Pero cuando llevas suficiente tiempo aquí y pasa la fase del enamoramiento inicial, te das cuenta de que hay muchas cosas que echas de menos.

Obviamente la familia y amigos es el punto principal pero la forma de vivir en Sevilla es diferente. Es más simple, relajada y tranquila. Las relaciones personales son mucho más fuertes. Es un buen sitio para desconectar de la burbuja de San Francisco, y volver a darse cuenta de las cosas realmente importantes. Y a pesar de ser un gran fan de pizzas y hamburguesas, por supuesto, también se echa de menos la comida».

Para los españoles que sueñan con un futuro en Silicon Valley, como hizo él, ofrece un consejo: «Si eres un recién graduado, yo intentaría trabajar para una empresa americana que permita trabajo remoto, o tengo oficinas en Europa. O si tienes los recursos económicos, estudiar un posgrado en EEUU. Son las maneras más fáciles de empezar a construir una red de contactos, y conocer la forma de trabajar americana», señala. «Después puedes decidir si finalmente quites dar el salto, habiendo minimizado el riesgo».

Fuente: El Mundo

El diario ABC entrevista a Isabel Fernández, profesora de la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla

Isabel Fernández profesora en Ingeniería Informática en la Universidad de Sevilla - Diario ABC

La Universidad de Sevilla cuenta entre sus filas con una de las carreras más prometedoras del país en el ámbito del análisis geométrico, con un discurso de altavoz internacional. Se trata de Isabel Fernández, natural de Linares (Jaén), que tras distintas estancias de investigación en Río de Janeiro, París, Granada o Murcia, terminó por hacerse un merecido hueco en la Hispalense.

Su objeto de estudio se encuadra dentro de lo que se conoce como «investigación básica». Es decir, aquella que no se hace con una aplicabilidad inmediata, sino que trata de dar respuesta a problemas naturales, a inquietudes sobre cómo funcionan las cosas, cuya solución, sin esperarlo, tiene aplicación en otros ámbitos. Con más concreción, Fernández indaga sobre cómo dividir un cuerpo de forma óptima en ciertas situaciones (problema de la patata de Conway) o cómo clasificar ciertas superficies cuyas curvaturas satisfacen lo que se conoce como «una relación de Weingarten». Para el profano, estas descripciones seguro pecan de abstractas. La propia Isabel lo experimenta cada inicio de curso cuando se dirige a sus alumnos de Ingeniería Informática, a los que siempre pide un esfuerzo extra para sentar las bases de un conocimiento que, posteriormente, les abrirá «puertas» técnicas.

Su dualidad como investigadora y docente, un equilibrio para ella deseable dada la naturaleza del sistema universitario español, la hace consciente de que el relevo generacional en la investigación es incierto. No por ausencia de cantera (tres estudiantes de la US se han hecho con el podio del último campeonato mundial de Matemáticas), sino por falta de incentivos que les permitan desarrollarse aquí y no en el extranjero.

En ese aspecto Fernández, que es doctora en Matemáticas, admite cierta suerte al lograr una plaza estable antes de «los recortes». Al sumarle trabajo duro y talento, la suya es una imagen alentadora de que es posible para la mujer científica romper el techo de cristal y realizarse conciliando lo familiar. Con matices, eso sí. A sus 40 años Isabel es madre de una niña de 8 y un niño de 6 y, aunque tuvo facilidades laborales para su crianza, ahora vive un curioso contrarreloj para recuperarse del parón investigativo. Amén de la culpabilidad innata en las madres perfeccionistas.

Entre todo ese bagaje personal no se puede pasar por alto que fue la primera mujer española (2009) en dar una ponencia en el congreso más importante de Matemáticas a nivel mundial, el ICM; la Real Sociedad Matemática Española cuenta con su sapiencia en su Junta de Gobierno y además ejerce como secretaria del IMUS de Sevilla. Por si toda su labor divulgativa no fuera suficiente, forma parte de una obra teatral grupal para escolares con la que busca visibilizar el papel femenino en la ciencia. Interpreta a Hipatia de Alejandría. Un paralelismo que, quien sabe, tal vez trascienda el escenario.

Fuente: Diario ABC

David Benavides Cuevas: Reflexiones en torno a la ingeniería informática

David Benavides Cuevas. Profesor de la Escuela Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla y Presidente del Comité Permanente de la Conferencia Mundial de Líneas de Producto Software. Es el primer español elegido para coordinar a la comunidad de investigadores en la innovación que favorece la personalización de los dispositivos digitales. Y alerta sobre la falta de planificación en España para dotar cuanto antes a todas las carreras y todas las profesiones de amplios conocimientos en programación y en pensamiento computacional.

Las siglas SPLC definen al Software Product Line Conference, la conferencia anual más importante a nivel mundial en el área del conocimiento para el desarrollo de producto software. Impulsa cada año tres convenciones de expertos: una global, que en 2019 se celebrará en París; otra de ámbito americano, y otra del área asiática. Quien preside durante los próximos tres años el comité permanente del SPLC no vive en Silicon Valley, como indicaría el tópico sobre el quién es quién en la informática. Es un vecino del barrio Pedro Salvador, al sur de Sevilla. Una persona que se considera activista social. Implicado en ámbitos vecinales, sociales, universitarios y académicos. David Benavides, sevillano de 42 años, ahí reside con su esposa, abogada especializada en mediación. Tienen dos hijos.

David Benavides forma parte de un grupo de investigación compuesto por miembros del Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos, en la Escuela Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla, en el que están otros expertos como Antonio Ruiz Cortés y Pablo Trinidad, que en 2017 recibieron con él un galardón muy relevante: el premio al artículo de investigación más relevante e influyente en el campo de la ingeniería de líneas de producto software. Y dicho grupo ya está preparando la organización, en 2020 en Sevilla, de la conferencia internacional sobre gestión de procesos de negocio.

Háblenos de sus raíces.

Mis padres, ambos jubilados, han sido profesores. Mi padre dio clases en la universidad y ejerció como arquitecto urbanista. Mi madre, de Bellas Artes, lo hacía en Bachillerato y además es pintora. Mis raíces están en Sevilla y en Ecuador. De los dos a los diez años de edad vivimos en Ecuador. Me siento muy unido, voy con frecuencia, y ello me ha llevado a tener una gran ligazón con Latinoamérica. Tengo alianzas profesionales con personas de muchos países, pero pongo todo el énfasis que puedo en estrechar lazos en México, Colombia, Ecuador, Cuba… Me parece estratégico para España.

¿De niño le apasionaba la informática?

No. Lo que más me gustaba era el deporte. Tenía primos y amigos que estaban siempre desmontando ordenadores, poniéndose juegos… Yo jugaba a veces a eso. De niño, por Reyes pedía una bicicleta o un balón de fútbol, no una consola Atari. Cuando regresé de Ecuador vivimos en Sanlúcar la Mayor, estudie en el Colegio Público San Eustaquio y en el IES Aljarafe. Pensaba hacer la carrera de Educación Física, pero mi padre me convenció para que me dedicara al deporte en mi tiempo libre y que para tener más opciones profesionales hiciera Ingeniería Informática, veía que me gustaban las ciencias y se me daban bien las matemáticas.

¿Cuándo encontró en la informática una vertiente que le apasionara?

Con la asignatura de Programación. Ver cómo podía darle órdenes a la máquina y que hiciese lo que yo programaba. Y en segundo de carrera nos encargaron como práctica hacer un grafo, que es como una red con la que conectar los nodos. Como la pedían en cada curso, me dio que pensar por qué no hacerla de otra manera para que no se perdiera tanto tiempo y que los alumnos del curso siguiente no empezaran la práctica desde cero. Esa experiencia para mí fue importante porque empecé a pensar y a plantearme preguntas con las que me estaba anticipando a lo que investigo: cómo producir software personalizado para determinados contextos, cómo buscar soluciones más eficientes.

¿Ha trabajado en empresas?

En 2001 estuve cuatro meses en Dublín, sobre todo mi objetivo era mejorar mi inglés. Y de 2002 a 2004 trabajé en Sevilla en Telvent, filial de Abengoa. Fue trascendente porque formé parte de un proyecto de investigacion en el que participaban grandes empresas como Siemens, Philips y Nokia, para desarrollar lo que entonces se conocía como familias de sistemas. Para aplicarlo a sistemas informáticos médicos, o a crear la domótica para las casas, ¡hacíamos en 2002 prototipos de cómo gestionar desde el teléfono móvil las cámaras de una casa! Y vi que tenía sentido aquella pregunta que me hacía en segundo de carrera, para participar en la evolución de la informática, con nuevas soluciones. En 2003 empecé a dar clases en mi facultad y decidí investigar y hacer la tesis sobre lo que ahora se denominan líneas de producto software.

Explíquelo de modo sencillo.

Es un paradigma de construcción de software para poder proveer soluciones personalizadas a los usuarios. Eso lo vemos ya como usuarios todos los días. Quien se compra un teléfono móvil y se instala el sistema Android. Y empieza a configurarlo añadiéndole o quitándole opciones. Lo está personalizando. Igual hace quien se compra un portátil, quien instala una televisión inteligente,… Se trata de lograr desde el software con poco esfuerzo una personalización en masa. Que pueda transmutarse y clonarse para servir a un determinado cliente, entorno o dominio.

¿Encontró pronto receptividad para su investigación?

Descubrí, cuando empecé en 2003, que nadie en España estaba investigando estos temas. Al segundo intento para que me publicaran fuera de España un artículo, descubrí en un congreso internacional los llamados modelos de características. Se me ocurrió investigar cómo automatizar nuevos procesos de esos modelos: detectar errores en los modelos, hacer métricas sobre esos modelos, saber automáticamente cuántos productos podías derivar de esos modelos, etc. Avancé en el tema, envié por vez primera en 2005 un artículo a una conferencia nacional, el Foro Español de Ingeniería de Software, pero lo rechazaron. Meses después, con algunas correcciones, envié el mismo artículo a una conferencia internacional. Lo aceptaron a última hora. Y por esa contribución me han dado 12 años después, en 2017, el premio al artículo más influyente en ese área de la programación informática.

¿Dónde tuvo la inspiración para lo mejor de esa innovación?

En un tren regional en Alemania, iba desde Darmstadt, donde había tenido lugar el congreso, a Munich, donde estaba mi hermana de Erasmus. Me puse a escribir sin parar. Después lo refiné y probé en Sevilla.

¿Por ese reconocimiento le han elegido presidente del comité organizador?

Algo habrá influido. Y han sido muchos colegas quienes me propusieron que asumiera esa función, no fui yo quien me lo planteé. Es un comité permanente, formado por diez personas, de Europa, EEUU, China,… que da continuidad a la coordinación de las conferencias internacionales en las que participa toda la comunidad científica dedicada a las líneas de producto software. En 2018 ha sido en Gotemburgo (Suecia) y en 2019 será en París. El mandato es por tres años. Es la primera vez que se elige a un español, ello me obliga aún más a dejar alto el listón.

¿Qué horario consensúan para las videconferencias en el comité permanente que preside?

Es complicado ponerse de acuerdo para que estemos a la vez el 100% de los miembros del comité. La hora en la que es más fácil coincidir desde Europa, China y la costa atlántica de EEUU es la de las 12 de la mañana en la España peninsular.

¿Cómo interactúa el sector empresarial con estas conferencias mundiales?

Participan, intentamos vertebrar la colaboración empresa-universidad, pero todavía, y he estado en muchos países, no he encontrado un modelo perfecto para congeniar esos dos mundos. Porque las empresas están en lo inmediato, resolver el problema de mañana. Y nuestra labor es ir más allá y pensar al menos a cinco años vista. Por ejemplo, en el entorno local se va tanto a la inmediatez que corres el riesgo, al hacer un proyecto con una empresa, de convertirte en una consultoría y eso es hacerle competencia desleal a otras empresas.

¿Qué le están comentando sus colegas más cercanos?

Me felicitan, me dan consejos, es una respuesta muy positiva. No me considero una persona extraordinaria dentro de mi ámbito, hay más como yo. En mi facultad las hay. En Andalucía existen colegas con mucha experiencia, que participan activamente en este tipo de comités internacionales, y en los que se toman decisiones trascendentes.

¿Qué objetivos se ha marcado?

Impulsar nuevos retos, porque la informática ya no es la que estudiamos hace 20 años. Quedan muchas cosas por solucionar. También quiero involucrar a más comunidad internacional, atraer el talento y el empuje que hay en países como los latinoamericanos, por ejemplo.

Indique un reto.

Se calcula que en el año 2020 habrá unos 50.000 millones de dispositivos conectados a la red. Siete veces más que seres humanos. Sumemos los sensores en cámaras, teléfonos, ordenadores, relojes, lavadoras, semáforos, microondas, procesos industriales,… Y muchos interactuando entre sí. El otro factor determinante del reto al que nos enfrentamos es el crecimiento exponencial de los datos disponibles. Tanto cada persona como cada sensor está aportando datos y más datos a la red. Incluyendo nuestros comentarios, nuestras fotos…. Se calcula que en el año 2020 el volumen de datos equivaldrá a 600 zetabytes de información. Son magnitudes de vértigo.

¿A cuánto equivale en magnitudes de usuario?

A un promedio por persona de 600 ‘pendrives’ de 128 gigas cada uno. Es decir, la dimensión de los datos es enormemente superior a la de las personas. Gestionar todo eso va a marcar el futuro de la sociedad.

¿Qué sugiere?

Veo poca gente pensando en España qué vamos a hacer en la inminente e inevitable posdigitalización. Cómo crear tantos empleos como los que van a desaparecer por la automatización de las tareas. Tenemos que convivir con esa realidad. Y si no lo planificamos, cuando suceda nos encontraremos con que ya lo tienen pensado desde otros lugares muy cerrados que no trascienden a la opinión pública.

En todas las épocas de nuestra civilización, nuevos trabajos y nuevos empleos han reemplazado a la mayor parte de las labores precedentes. ¿No aumentará de modo enorme el número de trabajadores relacionados con la informática?

Sí, pero estamos viviendo una gran contradicción. En España, en el año 2002, había unos 100.000 estudiantes en las carreras de informática o telecomunicaciones. En 2017, solo había 55.000 egresados. En 2021 harán falta entre 300.000 y 500.000 nuevos empleos relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación. Y no pueden salir solo de facultades como la mía. Todas las carreras universitarias han de integrar a fondo la formación en programación informática. No vale darlo como una asignatura aislada en un cuatrimestre. La informática ha de permear a todos los campos. Indicarle a los dispositivos y máquinas, mediante conocimientos en programación, qué han de hacer, va a suceder en todas las profesiones. Hay que resolver el problema de la falta de personas preparadas para esos puestos de trabajo.

España es un país europeo con altas tasas de paro. ¿Por qué no se han transformado los sistemas educativos para dar solución a ese reto?

Porque en la política hay poca gente valiente que se atreva a tomar decisiones complicadas y cuyo rédito se ve a largo plazo, no en la siguiente cita electoral. Por ejemplo, el impulso al pensamiento computacional en edades tempranas, para que los niños no se dediquen solo a usar dispositivos electrónicos para consumir, sino a desarrollar el pensamiento que te hace entender y organizar cómo funcionan las máquinas por dentro. En Sevilla lo hacen por iniciativa propia grupos de personas con inquietudes, como la asociación de profesores Programamos. Cuando debería ser una línea estratégica impulsada desde los gobiernos estatal y andaluz.

En la reciente campaña electoral andaluza no se ha hablado de esto.

Y es un drama que el 85% de las ofertas de trabajo en el sector TIC en España son para trabajar en Madrid o Barcelona. Andalucía tiene un gran potencial pero se está quedando a la zaga. Podríamos ser un gran polo tecnológico. Tenemos mucha gente preparada, muchos espacios, buen clima. Pero en la campaña se hablaba de banderas, de Cataluña, de ‘Juego de Tronos’… Una pena.

¿Por qué no se duplican cuanto antes las plazas en facultades como la suya para incrementar el número de ingenieros informáticos?

Eso ha de hacerse duplicándose los recursos: profesores, laboratorios, infraestructuras, edificios,… En cuarto y último curso del Grado de Ingeniería de Software, tengo 177 alumnos repartidos en dos grupos. Ya me gustaría atenderlos con más personalización, pero es muy complicado. Si los veo una vez de tú a tú en el cuatrimestre a todos, es un milagro. Pero no nos olvidemos del siguiente y peor problema.

¿Cuál es?

La mayoría de ese talento formado en nuestra tierra se va a trabajar a las ofertas de empleo en Madrid, Barcelona o fuera de España. En Andalucía, lo que predomina es el trabajo de empresas que desarrollan sus aplicaciones para la Administración Pública. Eso es un círculo vicioso complicado de salir. Dependemos demasiado de la inversión pública y no se canalizan otro tipo de inversiones.

¿Qué propone?

Más inversiones desde sectores como industria, agricultura, energías renovables,… De lo que estamos hablando es de un cambio global para producir más y mejor.

¿Por qué está disminuyendo el porcentaje de alumnas en carreras como la Informática?

Es un error causado desde toda la sociedad porque se extiende el falso estereotipo de que la informática es cosa de hombres, que las innovaciones más destacadas son de hombres, que los videojuegos de referencia han de ser masculinizados. De mis 177 alumnos en este curso, solo hay una veintena de mujeres. En España, hace diez años, el promedio era un 30%. Ahora ha bajado al 15%. Es un drama. Cuando en los comienzos de la informática, y se ve en las fotos antiguas, muchas mujeres trabajaban en la programación.

En su vida cotidiana, ¿también aguza el ingenio fijándose en cómo puede mejorarse el funcionamiento de las organizaciones, de las actividades?

Sí, fuera del trabajo también se me ocurren ideas para eso. Hay infinidad de posibilidades con la tecnología para resolver muchísimos problemas. En la mayoría de los casos, la dificultad no es técnica. El problema está en no tomar la decisión desde la política.

 

Entrevista completa y Fte.: Juan Luis Pavón/ El Correo de Andalucía

Un trabajo de Ingeniería de Software de la Universidad de Sevilla, entre los más influyentes del mundo

Un trabajo de Ingeniería de Software de la Universidad de Sevilla, entre los más influyentes del mundo

Un trabajo de investigación del grupo ISA de la Universidad de Sevilla ha sido distinguido como el artículo más influyente en el área de Ingeniería de Líneas de Producto Software (MIP, Most Influential Paper Award). Dicho galardón fue concedido durante la 21ª edición de la conferencia internacional de dicha temática (SPLC2017) celebrado en Sevilla del 25 al 29 de septiembre de 2017.

Se trata del trabajo “Automated Reasoning on Feature Models” de los autores David Benavides, Pablo Trinidad y Antonio Ruiz Cortés. Fue presentado en la conferencia CAiSE en 2005, y ha sido seleccionado por un comité internacional de expertos entre los artículos que más citas e influencia han tenido en el campo de las Líneas de Producto Software en todo el mundo en los últimos 20 años.

El comité destacó que se trata del primer trabajo que incorpora gramáticas atribuidas, resolutores de restricciones, modelos de características y optimización de configuraciones de líneas de producto software en un marco de trabajo elegante y coherente, abriendo  la puerta a lo que se ha convertido en ‘trending topic’ en los últimos años,  a saber: el análisis automático de modelos de características.

Según SISTEDES (Sociedad de Ingeniería de Software y Tecnologías de Desarrollo Software), esta es la primera vez que un grupo español recibe esta distinción en el área de Ingeniería de Software. Un trabajo relacionado con este fue recientemente galardonado por SISTEDES con el premio a la mejor tesis doctoral.

Todos los integrantes del grupo ISA son miembros del Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad de Sevilla con sede en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática (ETSII), aunque desde hace algunos años son varios los doctores formados en este grupo que están desarrollado su actividad investigadora en instituciones extranjeras.

Más información

 

José Luis Sevillano Ramos: Nuestros alumnos empiezan a trabajar antes de terminar sus estudios

José Luis Sevillano Ramos: Nuestros alumnos empiezan a trabajar antes de terminar sus estudios

José Luis Sevillano Ramos, director desde hace tres años de la Escuela Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla, está al frente de la mayor cantera sevillana de empleo de calidad y de empresas tecnológicas.

En declaraciones a El Correo, señala que la Universidad de Sevilla ya ha aprobado y enviado al Gobierno andaluz la propuesta de crear el Instituto Universitario de Investigación en Ingeniería Informática. Tenemos una importante masa crítica de investigadores. Por esa vía, podemos aglutinar mejor a todos los talentos, y crear muchas sinergias de colaboración y captación de recursos dentro y fuera de España, apostilla.

Añade que es difícil encontrar en el paro a un joven licenciado de su facultad porque las empresas que ofrecen prácticas no remuneradas se quedan con plazas sin cubrir, porque los jóvenes estudiantes tienen mucha oferta de incorporación a empresas mediante contratos o becas. Numerosos alumnos empiezan a trabajar incluso antes de terminar sus estudios. Es un sector laboral con mucho dinamismo, abundan las empresas que buscan captar talentos y que no se los lleve la competencia. Y hay egresados nuestros trabajando en el extranjero en sedes de grandes centros empresariales y científicos de investigación e innovación.

En otro momento de la entrevista señala que persiste la masculinización de las ingenierías, y especialmente las informáticas. Solo el 16% de nuestros estudiantes son chicas. Son mayoría en el grado que hemos creado de Ingeniería de la Salud, es el de ingeniería con más porcentaje femenino de toda Sevilla. Pero en otros grados nuestros el promedio es muy bajo. Hace pocos meses, celebramos el XXV aniversario de la primera promoción, y me di cuenta de que el porcentaje de mujeres era mayor que hoy.

También se refiere a lo que demandan las empresas a su Escuela, señalando que la mayoría, ya sean multinacionales o locales, nos piden estudiantes con conocimientos técnicos y fundamentos del ámbito profesional. Pero también piden otro tipo de intangibles: que sea gente emprendedora, innovadora, con capacidad de comunicación, con dominio de idiomas, que sepan trabajar en equipo, que no tengan miedo a salir al extranjero… Se nota que las grandes empresas cada vez están interiorizando más los conceptos de trabajo de las ‘startups’ para desarrollar proyectos, y un mínimo producto viable, y técnicas ‘lean’ de productividad, etc.